Acerca de

A las 3 de la tarde, a diferencia de Oscar, el personaje del Tambor de hojalata  de Gúnterg Grass, me sale un grito del alma para anunciar mi nacimiento en 1957.

Mis padres fueron felices al igual que sus padres, que se admiraban que estuviera tan arrugado y sorprendido.

Escuché las primeras campanadas, las primeras palabras, las primeras risas, sirenas, gritos, saludos, llantos, rumores, susurros, advertencias, conversaciones y explicaciones de lo que era la vida que se me presentaba.

¿ Y qué he hecho yo para merecer esto? diría el poeta.

He amado a muchas personas que nunca podré descifrar, ya que lo que me dice su mirada es como la música, se impone y lentamente con su ritmo y secuencia lentamente va sacudiendo el espíritu hasta limpiarnos el alma.

Me han deslumbrado Beethoven, Bach, Vivaldi y Brahms, pero también me ha emocionado: Since  I’ve been loving you de Led Zeppelin, Because de los Beatles, One de U2  o Free falling de Tom Petty.

He leído a Machado en su destierro, a Neruda y sus versos del capitán:

“yo soy como los marineros que vienen y se van que se alimentan con vino, lecho y pan.

La muerte del mayor Sabines y los amorosos me dolieron porque es un resumen de lo que le pasa al hombre en esta tierra.

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco de Bukowsky es un ejemplo de lo que muchos hacemos por sobrevivir.

En fin he sido bendecido.

He tenido por más de 37 años a una mujer que brilla y le da la vuelta al sol. Me ha enseñado a ser honrado, solidario, y a preocuparme por el otro y todo lo que sé del amor y los sentimientos.

Mis hijos son árboles y la luz cuando vienen los  eclipses.

Aprendí con ellos lo que significa la incondicionalidad, la sorpresa y reconocer que el otro está primero: pase lo que pase. Y después también.

Tengo tanto que agradecer que ya no  tengo letras ni abecedarios y si me pierdo ahí están los salmos, para iniciar de nuevo donde me haya quedado.

Mis hermanos, mis tíos, primos y sobrinos no saben lo que les espera cuando reparta las bendiciones que me guardo de las herencias de abuelos y gente que me vieron algún porvenir.

Mis amigos me han hecho más cabal que la locura y agradezco la generosidad de los que ya no recuerdo.

Ya no tengo nada que dar ni recibir. Me he quedado vacío.

Las manos las puedo ocupar para los abrazos o para estrechar a los que quiero.

Veo pasar cada segundo como quien busca el deseo.

Espero la tarde sentado en el amanecer y los recuerdos me acompañan como un carrusel que no para de dar vueltas.

Veo las olas desdoblarse sin parar.

Mi gratitud es del tamaño de un tsunami que se anuncia después de un terremoto.

Amo las grandes ciudades, la pintura, el baile, los edificios, las esculturas de niños agarrados de la mano de sus padres.

El paso del hombre y sus señales en las ciudades del mundo es lo que llama mi atención desde que vi por televisión al hombre pisando la luna.

Wish you were here: canta Pink Floyd en una vieja canción y Violeta Parra canta  “Gracias a la vida que me ha dado tanto…

Hoy con seis décadas a cuestas puedo afirmar:

Ha valido la pena.

Dios ha marcado cada momento la vida que me dio.

Y sólo tengo una palabra en mis labios:

Gracias