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Retrato hablado: Enrique Vila-Matas, la importancia de ser otros

Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) será distinguido en Guadalajara, este 28 de noviembre, con el Premio FIL en Lenguas Romances 2015. Es el autor número 25 en recibir este galardón y el segundo catalán, después de Juan Marsé.
Vila-Matas, ha mencionado, se considera más un autor extranjero, a la manera de su admirado Gombrowicz que decía: «cuando escribo no soy ni chino ni polaco».
Con su estilo, mezcla de autobiografía y ficción, ensayo y crítica literaria, el autor de la emblemática Historia abreviada de la literatura portátil (1985) instauró un universo singular, hasta ahora de más de 30 libros, que ayudaron a renovar la novela a finales del siglo XX.
De sus inicios, en 1971, cuando se sentía “un forastero en el mundo de las letras”, como lo cuenta en el prólogo a En un lugar solitario (2011), antología que agrupa sus primeros cinco libros, este aficionado a la poesía y joven aspirante a cineasta tomó la Olivetti Lettera “sólo por no perder el tiempo”. Allí escribió su primer libro, en la trastienda de un colmado de Melilla, mientras realizaba su servicio militar en el norte de África,
donde fue asignado para llevar cierta contabilidad y averiguar quién robaba unas cajas de  whisky. “Desde entonces indagar y escribir me parecen dos actividades paralelas”, apunta el escritor.
A su regreso a Barcelona, Beatriz de Moura le propuso publicar aquella obra en la joven editorial Tusquets, finalmente con el título Mujer en el espejo contemplando el paisaje (1973), aunque secretamente siempre se llamó En un lugar solitario, un texto que no pensaba publicar.
 No fue sino hasta agosto de 1973 —al darle un vuelco repentino a su vida en un viaje a Varsovia y visitar a Sergio Pitol, “me trató como escritor (la primera persona del mundo que lo hizo)”— que pudo verse como el autor de aquel librito del colmado de Melilla.
Es por esto, entre otras razones, que ve en Pitol a uno de sus maestros; autor mexicano al que le dedicó el premio al saberse ganador y, en entrevista con Excélsior, recordó que le dijo: “escribe y no hagas nada más” y así ha cumplido su consejo. Y agregó que México es uno de los primeros países en reconocer su literatura. Cosa que Pitol explica dado el carácter exótico de la obra del catalán.
Lector que escribe o «escritor que escribe lo que lee», afirma que para él “escribir es hacerse pasar por otro”, así que mientras lee, Vila-Matas, como si fuera una personificación de El grafógrafo de Salvador Elizondo, ya está escribiendo aquello que experimenta de los libros. Su personaje central es la literatura y su geografía las voces de otros personajes literarios en las que se hace eco al recorrerlas.
Padre de “La Catedral Metaliteraria”, bautizada así por el editor de Anagrama Jorge Herralde, ciclo compuesto por las novelas Bartleby y compañía (2000), El mal de Montano (2002) y Doctor Pasavento (2005), enemigo de la escritura española apelmazadamente realista, manifiesta que la literatura, como decía Italo Calvino, «nace de la dificultad de escribir».
Como cuenta su protagonista en Al sur de los párpados (1980), novela que le enseñó precisamente aquello que su héroe buscaba: aprender a escribir, no obstante que mucho tiempo recomendó que nadie la leyera:
“Soy yo mismo la materia de mis libros y éstos surgen de mis sueños. Sueño siempre despierto. Intuyo una serie de imágenes visuales que vienen acompañadas de palabras que las manifiestan”.
Las novelas, cuentos y ensayos de este “enfermo de literatura”, como se ha declarado, son artefactos conceptuales, llenos de crítica e ironía. Sus libros son la historia de su estilo literario.
La estética del autor barcelonés, asegura Juan Villoro en su artículo Vila-Matas, la escritura desatada, «depende en primera y última instancia de la lectura». Durante décadas el secreto mejor guardado de Cataluña, “ahora lo leemos como una figura articuladora de tradiciones dispares; resulta casi imposible asomarse a Kafka, Walser o Pessoa desde el mirador de la narrativa hispánica sin revisarlos al modo de Vila-Matas”.
“Puede parecer paradójico, pero he buscado siempre mi originalidad de escritor en la asimilación de otras voces. Las ideas o frases adquieren otro sentido al ser glosadas, levemente retocadas, situadas en un contexto insólito”, comenta el autor de El viajero más lento (1992).
“Muchas veces me han preguntado por qué trabajo tanto con frases de otros autores. Practico —les digo— una literatura de investigación. Leo a los demás hasta volverlos otros. Este afán de apropiación incluye mi propia parodia”, apunta Vila-Matas en una charla con el narrador francés Jean Echenoz titulada Sobre la impostura en literatura, que forma parte del libro El juego del otro (Errata Naturae, 2010).
La literatura es un viaje para este cartógrafo de lo shandy, Con su tendencia a la extranjería, para su segundo libro se autoexilió, a finales de la época franquista, en una buhardilla rentada a Marguerite Duras en París. Sobreviviendo del periodismo y otras actividades armó su segunda novela, La asesina ilustrada (1977), de la que el escritor chileno Roberto Bolaño opina, junto con Los dominios del lobo (1971) de Javier Marías, que es una de las novelas que inauguran su generación.
Hoy, con 40 años de oficio, ya instalado en su casa de la Travesía del Mal de Barcelona, padre de una extensa obra que ha construído con algo de timidez y mucha elegancia, creándose imposturas para conocerse, Vila-Matas sigue sondeando en la literatura que consolida su voz.
Como una suerte de epifanía acerca la obra del español, Ricardo Piglia indica en la contraportada de la edición brasileña de Dublinesca (Cosac Naify, 2011): “[…] vislumbré que el conjunto de las novelas de Vila-Matas podía ser leído como una obra única en la que se narra —desde distintos ángulos— la historia imaginaria de la literatura contemporánea. Sus novelas son una reconstrucción sarcástica y apasionada de las guerras, los furores, los lugares, los sueños, las obsesiones de los escritores, los lectores, los traductores, los libreros, los editores y los críticos; como si sus personajes formaran parte de la tripulación maldita del Pequod y persiguieran al Moby Dick del siglo XXI”.

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