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Sujata Bhatt

Las voces                                                                                            

Primero el sonido de un animal 
inimaginable. 
Luego: el susurro de un insecto, el silencio de un pez. 
Y después las voces se tornan más y más altas. 
La voz de un ángel que recién ha muerto. 
La voz de un niño que se niega 
a convertirse en un ángel con alas. 
La voz de los tamarindos. 
La voz del color azul. 
La voz del color verde. 
La voz de los gusanos. 
La voz de las rosas blancas. 
La voz de las hojas arrancadas por las cabras. 
La voz de la escupida de una serpiente.  
La voz de la placenta. 
La voz del latido del corazón del feto. 
La voz del cuero cabelludo del cráneo
cuyos cabellos cuelgan detrás de una vitrina 
en un museo. 
Solía pensar que había 
sólo una voz. 
Solía esperar 
pacientemente a que esa voz regresara 
y volviera a comenzar el dictado. 
Estaba equivocada. 
Ahora ya no puedo contarlas.
Ya no puedo  
tomar nota de lo que quieren decir. 
La voz del fantasma que quiere 
morir una vez más, pero esta vez 
en un cuarto mejor iluminado y con fragantes flores
y con otros parientes. 
La voz del lago congelado.
La voz de la niebla. 
La voz del aire mientras nieva. 
La voz de la niña 
que aún ve unicornios 
y conversa con ángeles cuyos nombres conoce. 
La voz de la savia del pino. 
Y después las voces se tornan más y más altas. 
A veces las oigo 
reírse de mi confusión. 
Y cada una de las voces insiste 
         y cada una de las voces sabe 
que es la única y verdadera. 
Y cada una de las voces dice: sígueme


sígueme y te llevaré de la mano 

Traducción: Jorge R. Sagastume 

Fuente: Círculo de Poesía 

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