Sin categoría

✍ Bitácora de lo(s) sentido(s)

La entrada y la salida

Me robé un sacudidor de plumas de colores de la cocina de mi abuela
Una lupa y un abanico sevillano de la mesita de su cuarto.

Mientras que todos andaban en el velorio 
yo recorría su casa con la misma prisa con que ella la vivió.
Guardé en un pañuelo varias fotos en la que sus ojos son la única semejanza 
que he encontrado con alguien.

Tome unos lentes, un rosario, una vela y 
una larga carta que le estaba escribiendo a Dios. 

Ayer le festejamos sus ochenta
Después de la mañanitas y el pastel 
empezó a cantar pausadamente la Negra Noche, Alejandra y Alfonsina y el mar
la repitió una tras otra hasta que sus ojos iniciaron la tormenta familiar

Recitó un fragmento de Altazor de Huidobro y algunas frases de la
Inmortalidad de Kundera. 

Como siempre,
nos pidio apagar las luces y encender su cirio Pascual.

Todavía estaban los vasos y algunos platos con restos de mermeladas y quesos maduros.

Cerca de la puerta cargué con un helecho y unas hortensias que eran su único encargo.

El llavero nunca lo habia visto
era  una herradura de oro y estaba arriba del apagador de la salida 
a la que  ella siempre le llamó  la entrada.  

Deja un comentario