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✍ Bitácora de lo(s) sentido(s)

El marinero pidió una escalera de aluminio de un metro cincuenta.
Dos ramas de apio para su loro recién llegado de la montaña.
Escogió un espejo retrovisor con letritas: “Objects in mirror are closer than they appear”.
Solicitó carnaza para su perro y magnesia para el mareo.
Eligió cauteloso unos  Cohiba y unos cerillos Lucifer en caja encerada.
Una caja de balas calibre 38, un paquete de algodón y un trapo de franela roja.
Tomó del mostrador dos brújulas, una cadena de plata y pequeño espejito de esos que no se empañan con la niebla
Pidió que le afilarán unas tijeras negras con oro en las orejas y su cuchillo filetero.
Checó su cartera y agregó una caja de tinto y un par de veladoras de vaso largo.
Se probó un paliacate rojo y un sombrero Panamá con una pluma color azul.
Acomodó en una caja de cartón cuatro trozos de pez vela ahumado 
y un manojo de hierbas y dos de santa.
Ordenó con su voz grave seis piloncillos y una libreta de pasta dura de cuadrícula grande.
Anotó detenidamente cada una de las compras y checó la cuenta con velocidad.
Antes de salir pidió que le agregarán una campanita 
como la que sonaba al abrir y cerrar la puerta que no paraba de azotarse con el viento
de los los autos del periférico que libraba el sur de la ciudad.

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