Sin categoría

❧ Para olvidar ?

1928-2012
Leía mi viejo cada mañana las noticias
con detalle estudiaba los deportes,
muy de pasada ojeaba la nota roja,
miraba sin entusiasmo las finanzas y los horóscopos del día,
le daba tristeza comprobar que nada de lo profetizado pasaría.
Tomaba un café y una rebanada de pan tostado con mermelada de naranja,
mientras su perro se comía las migajas que él jamás sacudía de su camisa.

Le gustaban las estrellas, las constelaciones y el zodiaco.

Tenía especial interés por la Cruz del Sur 

Decía que al ser la más pequeña de todas
la oscuridad con seguridad la protegía.

Un signo zodiacal se le consteló en el colon
Su cangrejo recorrió su cuerpo en cuatro meses.
Murió en mayo y desde un mes antes se le fueron las palabras.
No pudo decir adiós, 
mucho menos agregar un monosílabo a las innumerables despedidas.

De amor murió mi viejo
y ni un sólo rastro encontramos de dónde lo dejó escondido.
Las uvas y los granos destilados se los bebió despacio en esas noches largas
Cantaba ante el pretexto de una tarde lluviosa, 
el recuerdo de alguna mujer a la que quiso 
y la nostalgia de la niebla de Orizaba que llevaba tatuada 
en su enorme nostalgia de provincia.

Le gustaba la pesca, el sol y los asados 
Dormir en el suelo cuando el calor sacaba vapor en el asfalto.

En un arrebato manejaba mil kilómetros para ver a su madre,

Para meterse al mar, secarse en la arena con una docena de ostiones
y de vuelta sin dormir a la frontera.

Me enseño a cruzar la calle como los buenos toreros

a subirme al camión de palomita.

a bañarme y secarme el cuerpo de la cabeza a los pies.
Con un lazo jalaba mi equilibrio y mi primera bicicleta.
Me reveló los misterios de hacer una fogata mojando el palo mas seco del monte.
Me regaló una guitarra y el círculo de sol que usamos en los boleros, 
corridos y “pequeñas serenatas diurnas” 
Con detalle me miraba hacer el zig zag para escalar una montaña.
Dominar un balón fue más complejo,
encontrar Marte o Saturno en un pequeño telescopio fue siempre una odisea
Casi nunca se levantó después del sol amanecido.
Siempre buscó ser feliz 
pero nunca encontró la receta
o le sobraban pretextos o ingredientes.

Hoy cumpliría ochenta y cuatro años mi viejo

Y no sólo echo de menos su locura infinita
el contar miles de veces la mismas historias reinventando el final,
para que siempre sonara diferente.
Recuerdo el dolor que compartimos cuando se disfrazaba a pico de botella
No he vuelto  ver en nadie su sonrisa total.

Quisiera sentir su mano sobre mi cabeza

tomar su brazo y escuchar su respiración entrecortada.

Lo escucho a lo lejos decirme :
“Cierra los ojos, 
respira profundo,
no pares de llorar hasta que se te seque ese trozo de mar que te has comido”.

Deja un comentario