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Poe+

Desde que Benedetti dijo: 
«hagamos un trato»…
Nos quedamos imprudentemente calmos
Manchando nuestros deseos dormidos en un almíbar de moras caídas del árbol.    
Con la convicción torcida del deber cumplido fuimos hallando pretextos

Con la amistad  sembrada junto a una flor silvestre 
Visitamos nuestros sueños como un colibrí desconcertado de escuchar su corazón
Lleno de latidos que suenan mucho mas fuerte que su aleteo infinito
Rumiando mascábamos la neblina como algodón de tiempo 
Vimos caer las hojas de los diarios en blanco de citas que nunca pactamos
Esperando el paso del cometa que no vimos por no buscar una ventana
Distraídos ideamos finales alternativos frente al televisor 
Las historias las borramos  como manchas en el parabrisas
Fuimos acumulando estampas en álbumes de ocasión:
Bahía de Cochinos, 
La llegada del hombre a la luna, 
La caída del muro, 
Ruanda,
Srebrenica,
Las Torres gemelas, 
Irak y sus soldados despiadados
El sida y la pobreza  en África
Las otras miserias de Chiapas, Guerrero, Yucatán,
Oaxaca con sus cantos Mijes de su orquesta de vientos y fantasmas
Y en nuestras mesas hay piezas de barro, trozos de muro, estrellas de mar y sombras de olvido
El cine  vino en auxilio de la infancia  
Woody, Buzz , el tiranosaurio, la alcancía, los soldados de plástico, la pareja cara de papa
nos recordaron la ingratitud inanimada ante la llegada del perro que venía por los juguetes.
Y en cinco minutos de nostalgia
contamos hasta dos y hasta diez 
Pero no fuimos capaces de dar el brinco del columpio
Como rehiletes dimos vueltas sobre nosotros mismos
En lo que nuestros ídolos encanecían y subían de peso 
Perdimos el registro de esas risas que nos enseñaron la hilaridad 
Lo que era ser solidarios e incongruentes
Esa imprudencia de despertar al vecindario con un bolero para una mujer 
a la que imaginábamos en nuestra vida ignorando que  jamás  volveríamos a verla. 

Se acabaron los minutos de esas horas de mentir por una buena causa.
Queda muy lejos lo que era desprenderse de lo que no se podía ser de verdad
Lo que uno debía de ser aunque nos costara el alma.
Traspapelamos las recetas para hacer un amigo en una calle
Perdimos la visa para  llegar a una casa y comer lo que fuera 
sin que nadie preguntara ni tu nombre
Saltamos la página en la que  para traer un suéter  o un paraguas sólo bastaba con tomarlo.     
No se repetirá una clase en la que el maestro explicaba las bases biológicas de la conducta 
enseñando a bailar un danzón como es debido.
Y no es que el poeta se  haya equivocado cuando dijo:
«pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted»
Porque sin  miedo a aceptarlo 
nos asustamos de pavor
Huimos de los nuestros y fuimos a refugiarnos en otro paraíso 

Y casi lo perdimos todo 
pero el poema seguía ahí :
«Es tan lindo saber que usted existe»
Y poco a poco llegaron los recuerdos
De como despejar las ecuaciones, 
De en qué sílabas iban los acentos, 
los nombres de los ríos, 
De quién escribió los miserables, la guerra y la paz o Ana Karenina
Fue mas difícil aclarar si Amarcord era la abuela de una amiga 
o la secretaria de un jefe insoportable.
No hemos vuelto a viajar en tren, 
los tranvías ya no existen casi en ningún lugar, 
las cartas ya no llegan
ni se escriben , 
Los guisados de las abuelas están en tratados de arqueología. 
Los tíos ya no cuentan historias  
no sabemos de ellos porque no tienen cuenta en twitter, ni en Facebook
La tercera dimensión esta desapareciendo
todo es pantallas, iconos y letras sin palabras.
Y cómo olvidar que continuaba el poema machacando lo poco que nos quedaba de nostalgia :

«pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted» 
Y nos entró como un gusano en el oído
Dando vueltas en cada recuerdo ido
Ejercitándonos al contar en números romanos
Buscando las calles donde todavía existen trozos de vía 
de aquellos caminos de la Roma
Repasando en la cabeza ese trozo del poema:
«no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo»
Y el poeta se ha muerto y nosotros seguimos formados en la fila
Queriendo hacer un trato 
para contar . . .

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